Perú se prepara para cerrar uno de los ciclos de mayor inestabilidad institucional de su historia reciente. Este 28 de julio, Keiko Fujimori asumirá la presidencia tras imponerse en el balotaje del 7 de junio a Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, por un margen ínfimo de apenas unos 40.000 votos, en un escrutinio que se definió prácticamente en empate técnico y que la Justicia Electoral certificó a fines de junio.
La llegada de Fujimori, cuarta postulación presidencial de la líder de Fuerza Popular, pone fin a una sucesión vértigo de mandatarios. Dina Boluarte fue vacada por el Congreso en octubre de 2025 por «incapacidad moral permanente», acorralada por la crisis de inseguridad. La reemplazó el interino José Jerí, también destituido apenas cuatro meses después, el 17 de febrero de 2026, por escándalos de corrupción.
En su lugar, el Congreso designó al veterano izquierdista José María Balcázar, de 83 años y del partido Perú Libre, como presidente interino con la misión de garantizar una transición electoral pacífica hasta la entrega del mando. Así, el país acumuló nueve jefes de Estado en una década, un síntoma del divorcio entre la clase política y la ciudadanía.
El trasfondo de todo el proceso fue la violencia. La tasa nacional de homicidios aumentó un 74 por ciento entre 2019 y 2024, las extorsiones se dispararon un 438 por ciento en cinco años y el 70 por ciento del transporte público formal opera bajo amenaza, con decenas de conductores asesinados por negarse a pagar. La inseguridad fue el motor de las sucesivas vacancias.
Fujimori hereda un país fracturado, con instituciones desgastadas y una legitimidad de origen frágil por lo ajustado del resultado. El desafío inmediato será contener el crimen organizado y recomponer la confianza en un sistema político que, en apenas cinco años, convirtió la vacancia presidencial en una rutina.
Fuentes: BBC Mundo, El País, CNN en Español, Infobae y La República (2025-2026).
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